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Otro de los atractivos del estado es, sin duda, su variedad arqueológica, que narra el paso de las culturas Mogollón y Anasazi, cuyos asentamientos poco comunes se dieron en el norte, en sitios escondidos en la vastedad del desierto y las paredes más remotas de la sierra. Ejemplo de ello son las zonas arqueológicas de Paquimé (declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1998), Cuarenta Casas, Madera y Cueva Grande, así como el Museo de las Culturas del Norte. De tradición minera y maderera, este territorio condensa la identidad del norte del país, y aloja pueblos tan diversos como los Tarahumaras o Rarámuris, Tepehuanes, Conchos, Guarijíos y Tobosos, grupos étnicos que comparten el territorio con colonias de Menonitas. Dicha convivencia otorga variedad a la cultura norteña, representada por la tradición de pueblos como Creel. Los esfuerzos colonizadores en este estado fueron intensos, ya que la población y el enorme y complejo territorio opusieron resistencia a ellos. Las primeras misiones franciscanas datan del siglo XVI y es evidente el florecimiento de la colonia en construcciones que datan del siglo XIX, como el palacio de gobierno. De gran dinamismo industrial, el estado que sirviera al mítico Francisco ‘Pancho’ Villa como centro de operaciones muestra su variedad cultural, histórica y natural a los visitantes con desarrollos turísticos de gran nivel en la capital y con opciones de ecoaventura y hoteles rústicos en las zonas serranas. Chihuahua, para los curiosos del otro rostro mexicano, lo tiene todo.
Consejo de Promoción Turística de México, S.A. de C.V.
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