Existen diversas teorías acerca del origen de la palabra Campeche. En el territorio que conforma actualmente al estado de Campeche existían varios poblados mayas, uno de estos fue Can Pech (Campeche), cuyo nombre se deriva de las palabras mayas Can que significa serpiente y Pech cuyo significado es garrapata, es decir lugar de serpientes y garrapatas; otros indican que Campeche se deriva de las palabras Kin que significa sol y Pech.

Algunos suponen que a este nombre (Kin Pech) se le puede agregar el prefijo Ah que quiere decir lugar y en conjunto diría lugar del señor sol garrapata.

Otra teoría se basa en la terminología anterior: Ah Kin Pech, pero con la aclaración de que Pech es el apellido de un sacerdote y supone que el significado es lugar del Señor Pech adorador del Sol, por lo tanto el sacerdote maya Pech pudo haber fundado ó vivido en Can Pech.

Una interpretación más de los términos Can Pech o Serpiente - Garrapata es como el lugar donde se adoraba a la boa. (La boa es un reptil que acepta como parásito a la garrapata y en los monumentos mayas de este sitio los españoles encontraron serpientes enormes).

Los indicios más tempranos de ocupación humana, en Campeche, se remontan a fines del Preclásico Medio, hacia 550 a. C. Durante esa época, la región de las tierras bajas mayas experimentó diversos movimientos migratorios que llevaron de sur a norte a núcleos importantes de gente, quizá para colonizar regiones hasta ese momento vacías. Este movimiento seguramente tuvo como causa un crecimiento de la población que obligó a buscar nuevas tierras. Se han encontrado evidencias de ello en sitios como Becán, Edzná, Dzibilnocac, El Aguacate y Alimoche.

Zona arqueólogica de Edzná
 
La costa. Los primeros asentamientos costeros de Campeche parecen ser el resultado de dos corrientes migratorias: el suroeste fue ocupado por grupos procedentes directamente de las tierras bajas mayas del sur, mientras que en la costa norte los grupos procedían del interior de la península. Los sitios más representativos de la costa sur son Aguacatal, Xicalango y Tixchel. Existen, desde luego, muchos otros sitios arqueológicos en Campeche que, sin duda, tuvieron sus inicios durante el Preclásico Medio y Superior, podríamos nombrar a Calakmul, Hormiguero y Río Bec, en el sur; El Tigre, en el suroeste; Dzibilnocac y Tabasqueño, en el centro, y Jaina, en la costa norte.
Estructuras I y II de la zona arqueológica de Calakmul
 
Podemos visualizar el final del Preclásico Medio y el Tardío como periodos de una gran dinámica, en los cuales hubo un aumento general de las poblaciones, posiblemente con presiones demográficas que habían de catalizar la organización política y los enfrentamientos armados, eran comunidades portadoras de una agricultura extensiva e intensiva, así como poseedoras de una cerámica perteneciente a la esfera Chicanel. Sabemos que para esa época ya existía un sistema de comercio que permitía el intercambio de ciertos productos entre comunidades del sur y del norte.
Estructura II de la zona arqueológica de Chicanná
 
 
Este esquema cultural, correspondiente al nivel aldeano y que se generalizó en todas las tierras bajas, pronto fue superado por algunas comunidades cuyos dirigentes lograron organizar al grupo para realizar obras públicas, así comenzaron a surgir, al final del Período Preclásico, sitios como Becán, Edzná, Dzibilnocac y Aguacatal, que en unos pocos siglos multiplicaron su control territorial para alcanzar niveles de civilización.
Estructura IX de la zona arqueológica de Becán
 
 
Hacia el siglo III de nuestra era, la sociedad maya de las tierras bajas inició un periodo de grandes realizaciones en todos los aspectos de la cultura, y alcanzó altos niveles de excelencia en arquitectura, cerámica, astronomía, etc. A esta época, que termina en el siglo X, se le conoce como Horizonte Clásico, para su estudio se ha dividido en dos fases.
La zona arqueológica de Edzná y su característico Templo de los Cinco Pisos
 
 
El Clásico Temprano (250-600 D.C.). En esta primera tase del período Clásico encontramos en Campeche dos fenómenos distintos: por un lado, grupos que han logrado desarrollar rasgos de individualidad; y otros aún en un proceso de diferenciación no muy marcada. Nos estamos refiriendo a poblaciones que desarrollaron el urbanismo a la par de comunidades menos complejas, que cayeron bajo el poder político y económico de las primeras. Clásico Tardío (600-1000 D.C.). Este es el periodo del máximo florecimiento de la civilización maya, en el cual diversos grupos que hablan el área lograron desarrollarse substancialmente. La regionalización de la cultura se manifestó plenamente tanto en la arquitectura como en la cerámica. El acelerado crecimiento demográfico permitió llevar acabo imponentes obras públicas, principalmente templos y palacios, destinados a servir a los dioses, a los jefes y sacerdotes. El nuevo orden: el Horizonte Postclásico (1000-1517 D.C.). La destrucción de los grandes estados territoriales a fines del Clásico Tardío provocó una transformación total del panorama político. En lo referente al actual estado de Campeche, la actividad se concentró principalmente en las costas, y el interior permaneció marginado de la actividad, aunque no deshabitado. A la llegada de los españoles, en el siglo XVI, la península estaba dividida en 16 pequeñas entidades, llamadas en maya cuchcabal y mencionadas como “provincias” por los europeos. La forma de gobierno no era la misma en todas; en algunas regía de manera absoluta un solo jefe, en otras existía una especie de confederaciones de jefes menores que toman las decisiones En el actual territorio de Campeche estas provincias eran: Ah Canul en la parte noroeste, al sur de la provincia de Ah Canul se encontraba Can pech, también estaba la provincia de Chakanpotón y el señorío de Acalán, uno de los pocos grupos mayas que resistieron el paso del Clásico Tardío al Postclásico.
 
 
Viajes de Exploración
División de las jurisdicciones mayas en el siglo XVI según Ralph Roys
 
El primer viaje de exploración partió de Santiago de Cuba el 8 de febrero de 1517. Pasaron por Isla Mujeres y continuaron por Cabo Catoche. El capitan Francisco Hernández de Córdoba con tres navíos, un gran piloto como Antón de Alaminos y oficiales como Lope Ochoa de Caicedo, Cristóbal Morante, el clérigo Alonso González y la tripulación llegaron al pueblo maya de Can Pech, el 22 de marzo de 1517; fanáticos y obsesivos con el santoral del calendario cristiano, pusieron nombre al pueblo de acuerdo a señalado en el almanaque. Así que la ciudad de San Francisco de Campeche tuvo su primer nombre español, San Lázaro. Según el relato del soldado y cronista Bernal Díaz del Castillo, se sabe que tres días después los expedicionarios continuaron por la costa y llegaron al pueblo de Chakanputún o Potonchan, al cual rebautizaron como Champotón y donde se encontraron con unos mil indígenas fuertemente armados que atacaron a los españoles matando a más de veinte y dejando herido al capitán. Los hombres blancos y barbados huyeron llenos de pavor. Francisco Hernández de Córdoba murió después. El cacique Moch (el "mocho", el manco Cohuó) y con un solo brazo fue el primer héroe indígena; este jefe maya fue capaz de proporcionar la primera derrota a un ejército invasor extranjero en América. Las crónicas y la humanidad reconocen a Champotón como la "Bahía de la Mala Pelea". La segunda expedición española se inició el 1 de mayo de 1517, cuando el gobernador Velázquez ordenó que cuatro barcos al mando de Juan de Grijalva recorrieran la península de Yucatán, acompañado del piloto Antón de Alaminos, con los oficiales Pedro de Alvarado, Francisco de Montejo (padre) y el sacerdote Juan Díaz.
 
Todos ellos arribaron el 22 de mayo de 1517 a San Lázaro. Nuevamente los mayas les ofrecieron agua y provisiones. Continuaron hasta Champotón, pero los gritos de los indígenas los asustaron y se desviaron rumbo a la Isla del Carmen. En ese recorrido, encontraron una playa habitada por mayas amistosos. Le pusieron Puerto Deseado (hoy Isla Aguada o Puerto Real). De ahí, se dirigieron a la península de Atasta y al actual estado de Tabasco. Encontraron un río al cual llamaron San Pedro y San Pablo. El 18 de febrero de 1519 el capitán Hernán Cortés salió de Cuba conduciendo la tercera expedición española donde a su paso por Cuzamil o Cozonnil (hoy Cozumel) se enteró de que dos náufragos vivían desde hace ocho años con los mayas en la provincia de Ekab. Eran Jerónimo de Aguilar y Gonzalo Guerrero. Hernán Cortés envió gente para rescatarlos pero solo Jerónimo de Aguilar se unió a los conquistadores. La expedición de Cortés pasó por Campeche rumbo a Tabasco. En Xicalango (Campeche) o Centla Tabasco recibieron como tributo a una esclava Malintzin (La Malinche o Doña Marina). Ella hablaba náhuatl y maya; Jerónimo de Aguilar español y maya. Ambos tradujeron a Cortés y por ellos se enteró que los pueblos mayas vivían aterrorizados por augurios dolorosos: hombres blancos y barbados vendrán de oriente a destruir nuestras ciudades y matar gente. Los españoles en 1521 destruyeron Tenochtitlán. En 1525 Hernán Cortés ahorcó al último emperador mexica, Cuauhtémoc, se cree por testimonio de Bernal Díaz del Castillo que fue cerca de la ciudad maya El Tigre o Inzancanac (en el hoy Candelaria, Campeche).
 
 
Conquista
Francisco de Montejo y León "el Mozo",conquistador de Yucatán y fundador de la villa de San Francisco de Campeche
 
En 1526, Francisco de Montejo (padre) recibió del rey el título de "Adelantado" y su capitulación o patente que le autorizaba conquistar la península de Yucatán. Para este objetivo fueron de gran ayuda el hijo y el sobrino de Montejo. A finales de 1528, Montejo el "Adelantado" y su hijo, Francisco de Montejo y León de 28 años, llamado el "Mozo", prepararon una nueva campaña de conquista. Los acompañaba Francisco de Montejo el "sobrino", de solo 15 años de edad. En marzo de 1529, Montejo padre avanzó de Veracruz hacía Tabasco; Montejo hijo creó a su vez, un puesto militar en Xicalango. A mediados de 1530, De Ávila (capitán con su propia embarcación y bastimentos) fundó Salamanca de Acalán en la antigua Inzacanac capital del señorío de Acalán. Después Alonso de Ávila se dirigió a Mazatán y decidio permanecer a las afueras de ésta por casi medio año. Una vez transcurrida la temporada de lluvias y repuesto el ejéricito español, Alonso de Ávila se dirigió a Champotón donde se le unió Montejo el "Adelantado" quien marcho a Can Pech en donde se alió el cacique Ah-Canul en la fundación de Salamanca de Campeche a principios de 1531. Desde ahí se planeó la segunda gran conquista de la península de Yucatán. La respuesta de los mayas a esos planes fue la alianza de los Ah-Canul de Calkiní con los cocomes, dirigidos por Nachi Cocom desde Sotuta. El 11 de junio luego de la batalla de San Bernabé en Salamanca de Campeche se suscitaron diversas circunstancias que propiciaron la salida de los españoles en 1532. En ese mismo año Alonso de Ávila fue derrotado por los mayas de Uyamil y Chactemal, dirigidos por Gonzalo Guerrero quien los obligo a refugiarse en Honduras.
 
Para ese entonces Montejo el "Adelantado" fue nombrado gobernador de Tabasco, Chiapas y Honduras, para 1535 se unió Yucatán a sus territorios gobernados desde ahí Montejo planeó una campaña de conquista definitiva para la península. Fue así que el 4 de octubre de 1540 Montejo el "Mozo" consigue la fundación de la primera villa hispana de la península con el nombre de San Francisco de Campeche; también fue la primera en tener cabildo y ostentar un templo católico. En 1547, terminados los tiempos necesarios para el asentamiento, la Capitanía General de Yucatán se dividió en cuatro distritos: el de Mérida, el de Valladolid, el denominado Salamanca de Bacalar y el de San Francisco de Campeche, comenzando este último a delimitar su jurisdicción. Su plaza principal fue el centro de la antigua población y de la nueva villa española, asentada a una milla del pueblo indígena que entonces fue llamado Campechuelo por los conquistadores, y hoy corresponde al barrio de San Francisco. El centro de la villa fue poblado por españoles, el barrio de San Román fue destinado a los aztecas que acompañaron a Montejo, y el de Santa Ana fue habitado por negros y mulatos que participaron en la conquista; en este sentido, el puerto fue enriqueciendo su fuerza comercial al habilitársele para el desembarco de esclavos negros.
 
 
Población y Encomienda
Carta Naval de San Francisco de Campeche, siglo XVII
 
En 1542, el rey de España proclamó las llamadas Leyes Nuevas, que establecían la libertad de los indios como súbditos de la Corona Española, y que desde entonces no se podría convertir a esclavo a ningún indígena bajo ninguna circunstancia, y la persona que transgrediera estas leyes sería castigado con la pena de muerte. La ola de protestas llegó a la corte peninsular de inmediato, acompañada de fuertes amenazas de despoblar y abandonar las posesiones de ultramar. Era evidente que el cumplimiento de las Leyes Nuevas significaba un golpe para los conquistadores, de manera que, en beneficio de la metrópoli y de su colonia, la esclavitud fue legalmente abolida, pero continuaría a través de otros medios. A quienes contribuyeron a acrecentar los dominios del Imperio Español, se les premió con la servidumbre indígena traducida a Encomienda, Repartimiento y Servicios Personales; mecanismos básicos en la estructura económica colonial por medio de los cuales se regirían las relaciones entre naturales y europeos, y los servicios que los primeros debían prestar a los segundos. A través de la encomienda, un número de pueblos de indios quedaba sujeto o "encomendado" a un español, a quien tributarían en especie y trabajo. Los servicios eran desde labores agrícolas y domésticas, hasta obras de construcción, sostenimiento de viudas y blancos pobres, y amamantar a recién nacidos. Debían prestar sus servicios todos los hombres entre 16 y 60 años, y las mujeres, teóricamente exentas, desde los 12 hasta los 60 años, y al igual que éstas, los que ocupaban cargos de autoridad y los enfermos que estaban exentos, también debían cumplir con sus servicios o pagar a alguien que los hiciera. Teóricamente, que no en la realidad, los servicios serían remunerados; se estipuló un real diario, y se prohibió el pago en especie. Entre una semana de servicios y la siguiente debían mediar tres; el número de indios "repartidos" que le correspondía a cada encomendero y clérigo estaba anotado en un padrón; por el lado indígena, eran los alcaldes indios quienes se encargaban de vigilar su cumplimiento, y por el de los españoles, eran los jueces repartidores, a quienes se les pagaba un tributo de medio real por indígena, llamado Holpatán . Esta legislación expoliadora vino acompañada de un reordenamiento de la población. Muchos asentamientos prehispánicos desaparecieron como tales, otros sobrevivieron y acrecentaron su población con los reubicados, dando paso a un nuevo orden geopolítico en función de la economía colonizadora. No todos los pueblos indígenas fueron encomendados, algunos quedaron bajo la jurisdicción real y recibieron el nombre de pueblos de la Real Corona. Una de las primeras encomiendas que el rey de España concedió en territorio campechano, fue la región llamada Acalán Tixchel, hoy conocida como la zona de los ríos (Candelaria, San Pedro, Mamantel); en 1553, la población del área había descendido de manera dramática, en un 96%, de 50,000 al momento del contacto, a 500 tributarios que se registraron en la tasación de aquella fecha. La población indígena era el factor esencial para la ocupación de los territorios; aquellos con mayor número de habitantes eran más preciados; en la península de Yucatán, las zonas comprendidas entre Mérida, Valladolid, Izamal, y Maxcanú, Calkiní, Hecelchakán y Tenabo, y los alrededores del puerto de Campeche, fueron las más codiciadas por los conquistadores; por el contrario, las selvas y los pueblos más alejados de los asentamientos españoles, fueron considerados como tierra inhóspita por los extranjeros, y como zona de refugio, libre de tributos y cruces en la espalda por los mayas que encontraron en la huida el mejor mecanismo para librarse de las pesadas cargas impuestas por aquellos. Esta circunstancia marcó las diferencias fundamentales en la conformación de la sociedad colonial regional.
 
En cuanto al número de encomiendas; la tasación de 1549, reportó 36,870 indios tributarios para el territorio jurisdiccional de Mérida, 15,094 para el de Valladolid, y 5,820 para San Francisco de Campeche. Estas zonas sirvieron de base para congregar a la población indígena y tener un mejor control de ella, cobro de tributos, conversión religiosa, proximidad de la fuerza de trabajo, etc. Algunos encomenderos prefirieron incluso perder sus encomiendas poco pobladas y centrar su atención en aquellas zonas populosas. El ámbito económico de Campeche se explicó al Consejo de Indias en 1664 en los términos siguientes: [...] que la provincia de Campeche en la estimación es la tercera en las Indias que no produce oro ni plata, que se conserva con sus frutos y a maniobras de los naturales, que tiene una gran trabazón su comercio con toda la Nueva España e islas del dominio de V.M. mediante la contratación del palo de Campeche (o de tinte) que se cría allí silvestre, que en la labor y corte de él consiste el alimento de aquellos naturales, que en cambio de este género les llevan de otras partes de las Indias el cacao y otros frutos de que se necesita para su sustento y vestuario, que de España los llevan asimismo el vino, el aceite y otros géneros que se cambian en trueque del palo [...]. El puerto resultó deslumbrante y dinámico por las actividades propias de su privilegiada situación, en la ruta del comercio marítimo, pero también los pueblos del interior desempeñaban jornadas habituales: en Tinún, Bolonchén, Sacabchén y Champotón se cultivó tabaco, cañade azúcar, añil y grana, aunque también había maíz y arroz, así como explotación salinera. A Campeche empezaron a llegar españoles en busca de fortuna, también de Europa llegaron otras especies de animales y productos comestibles. En cambio a España se enviaba de Campeche tinte, maíz, pieles, maderas preciosas, mantas de algodón, miel, cera, pavos y tomate. En Campeche, los españoles prefirieron establecerse alrededor del puerto de Campeche y recongregar a los indígenas cautivos en los pueblos indios circunvecinos, como Chiná, Pocyaxum, Hampolol, Hool, Sihochac, Castamay, Lerma; o bien en la zona conocida como Camino Real (Calkiní, Hecelchakán, Becal, Tenabo), en donde la población indígena era mayor. Por el contrario, las zonas selváticas como la de Acalán Tixchel, La Montaña, Sahcabchén, y Los Chenes, quedaron como territorios inhabitados, con interés más para los frailes y su tarea evangelizadora que para los encomenderos. A mediados del siglo XVII, los abusos del gobernador en turno y sus jueces repartidores propiciaron la rebelión de Sahcabchén.
 
En 1668, el obispo informaba al rey "sobre los repartimientos y malos tratos que el gobernador... daba a los indios", diciéndole: "pues aunque en los gobiernos pasados se retiraban muchos indios desesperados del yugo, en el gobierno presente... no sólo indios de los pueblos sino los pueblos y partidos de indios dejando lastimosamente primeramente sus iglesias y doctrinas y la fe que profesaban, yéndose a ser idólatras sus casas y haciendillas, también como se ha visto ahora en todo el partido entero que llamaban de Sahcabchén". Esta rebelión puso en peligro incluso a los pueblos cercanos al puerto; el fraile Cristóbal Sánchez, muy preocupado, escribía a sus superiores desde San Antonio Sahcabchén: "Y asimismo que la más común y asentada opinión con que se hayan todos los indios de la montaña y caciques... es que se hayan todos los ranchos y pueblos circunvecinos de Campeche y luego al punto bajar a la montaña el gentío y matar a cuantos hubiere en Campeche y llevarse a las mujeres para que sirvan a las suyas como ellas lo han hecho hasta aquí a los españoles". Ante tal información, las autoridades del puerto, temerosas, ordenaron las previsiones del caso, particularmente porque "de la villa de Campeche no se puede dar socorro alguno por estar el enemigo sobre él con doce embarcaciones", y además porque se temía "que los indios montaraces y alzados pasen a juntarse con los ingleses...". A la rebelión indígena se unió la amenaza de los piratas.
 
 
Piratería
Fuerte de San Miguel, construido para defender a San Francisco de Campeche del ataque de los piratas
 
La reina Isabel I de Inglaterra otorgó la patente de corso (permiso) a sus marinos para asaltar a los barcos españoles y así se convirtieron en corsarios. Los franceses los llamaron bucaneros por que originalmente los piratas eras pastores de cabras (boucán en francés). Isla del Carmen fue uno de los refugios preferidos para los piratas hasta el 16 de julio de 1717 cuando el sargento mayor Alonso Felipe de Andrade los expulsó. A partir de ese día, la isla cambio su nombre de Tris (Términos) por el de Carmen en honor al día de la virgen con ese nombre. La primera invasión que sufrió Campeche fue en 1559 por piratas franceses, a partir de ese año fueron constantes los ataques de piratas, corsarios y filibusteros. Esta fue la razón por la que los habitantes de San Francisco de Campeche presionaran a la Corona Española para iniciar la construcción de un sistema de defensa eficaz. Se encerró la villa de un poco más de cuarenta manzanas, con una muralla en forma de polígono irregular de 6 lados con 8 baluartes, uno en cada vértice y uno junto a la puerta de mar y otro junto a la puerta de tierra; además, estaban las puertas de San Román y Guadalupe, que servían para comunicar al interior con el resto de la villa, los baluartes de comunicaban por un paso de ronda; sitio que lleva el mismo nombre y que es una especie de corredor que pasa por encima de la muralla; ésta medía 8 m de altura en tierra y 6 m en mar con un total de 2 536 m de largo. Había fuertes en los cerros. Baterías en forma de castillos, cañones y fusiles dieron seguridad a los ricos criollos de la ciudad de San Francisco de Campeche quienes vivían dentro de la muralla (intramuros). Los pobres y los esclavos vivieron siempre alrededor de estas fortalezas (extramuros). El doctor Héctor Pérez Martínez; en su obra "Piratería en Campeche" hace una síntesis de los ataques y principales protagonistas piratas en Campeche: John Hawkins (1568) Sir Francis Drake (1568) Sir Wiliam Parker (1597) Pie de Palo (1633) Diego el "Mulato" (1633) Jacobo Jackson "Conde de Santa Catalina" (1644) Sir Henry Morgan (1661) Mansvelt (1663) Bartolomé el "Portugués" (1633) Rock Brasiliano (1667) Robert Chevalier (1667) Laurent Graff "Lorencillo" (1672-1685) Jean David Nau el "Olones" (1672) Cook (1685) Barbillas (1705).
 
 
Conformación del estado
 
Desde que la Constitución de 1857 quedó vigente en México, en la península de Yucatán y en Campeche nació la inquietud de separar a Campeche del estado de Yucatán. Los hombres más importantes en el periodo de esta separación fueron el licenciado Pablo García y Montilla, el licenciado Tomáz Aznar Barbachano, el general Pedro Baranda y Quijano, Irineo Lavalle, el coronel Leandro Domínguez, el licenciado Joaquín Baranda y Quijano, el general Pedro Celestino Brito, Juan Carbo, Vicente Capmany, por mencionar a algunos. En 1857 en la elección del gobernador del entonces estado de Yucatán, triunfó Pantaleón Barrera (éste campechano). Pablo García, que tenía 33 años y había sido electo diputado, abandonó la sala de sesiones del Congreso local en Mérida en el mes de julio, argumentando falseo del proceso electoral, los campechanos apoyaban para gobernador a Liborio Irigoyen. Enseguida comenzaron las sublevaciones en diferentes poblaciones, principalmente del distrito de Campeche, pidiendo que se convocara a nuevos comicios; las fuerzas militares persiguieron a los sublevados, pero aplacados unos, aparecieron otros. Se quería convertir al distrito de Campeche en otro estado. Recibieron apoyo de Dzibalchén, Hopelchén (tierra de Pantaleón Barrera), Bécal, Calkiní, Dzitbalché, Nunkiní y Tenabo. La noche del 6 de agosto de 1857 varios campechanos agrupados alrededor de García y Pedro Baranda se apoderaron de los baluartes de Santiago y la Soledad, así como de la maestranza de artillería. Poco después, el 9 de agosto, se desconoció en el acta de esa fecha al Congreso y al gobernador Pantaleón Barrera, por falta de libertad en las elecciones. Pablo García fue designado jefe político y militar, y comenzó a recibir adhesiones de otros lugares del distrito. Envió circulares a funcionarios federales pidiéndoles su opinión; el titular del juzgado de Distrito, Justo Sierra O'Reilly, respondió —sin dejar de hacer valer su calidad de empleado federal—: [...] soy republicano de buena fe [...] creo que la acción reguladora de la sociedad sobre sí misma pertenece a ésta de pleno derecho y profeso el dogma de la soberanía del pueblo [...] estoy persuadido de que el pueblo por sí, o por medio de sus representantes, puede cambiar su situación cada vez que lo tenga por necesario [...] Creció el apoyo y el nuevo líder tomó decisiones rápidas. Como jefe político y militar de Campeche, asumió la responsabilidad de hacer conocer al presidente de la República, Ignacio Comonfort, la orientación del movimiento del 7 de agosto. En ese sentido, se dirigió a él con fecha 12 de agosto de 1857 y le dijo que lo acontecido en Campeche tenía el apoyo popular, así como de diferentes ramos del gobierno. Las dificultades entre pronunciados y autoridades del estado fueron alejándose de una conciliación inmediata y se pidió la renuncia del gobernador Pantaleón Barrera. Éste envió fuerzas militares jefaturadas por el coronel Manuel Cepeda Peraza, quien llegó a establecerse en Tenabo, y el 8 de septiembre conminó a García a modificar su actitud de rebeldía. Como éste se negó, se suscitaron algunos enfrentamientos sin resultado definitivo. Barrera renunció al gobierno; lo sustituyó Martín F. Peraza y cesaron las hostilidades, mas no la crisis, en cuyo transcurso fue tomando fuerza la necesidad de dividir la península. El día 19, Pablo García se dirigió al jefe político del Carmen pidiéndole que no impidiera la libre manifestación de los laguneros, de quienes él tenía conocimiento que deseaban adherirse a su proyecto. Le advirtió que para proteger la libre expresión había instruido al capitán Andrés Cepeda Peraza para que con las fuerzas a su mando desembarcara en Las Pilas y, acercándose a la población, diera oportunidad a los habitantes para que expresaran sus opiniones.
 
Días más tarde, gracias a Nicolás Dorantes y Ávila, Pablo García se enteró de que contaba con el apoyo de los laguneros. El hecho no fue pacífico, ya que hubo víctimas: murieron en el marco de la proclamación Jerónimo Castillo y Santiago Brito, quien se había resistido a los objetivos de García. Igualmente, Pablo García separó de la jefatura política del Carmen a José del Rosario Gil y envió desde Campeche a José García y Poblaciones, a quien también concedió la comandancia militar del partido. De agosto a diciembre de 1857 numerosas poblaciones se adhirieron a la proclama de García y Barrera dejó la gubernatura en poder de Martín F. Peraza. Por todo ello, no fue casual que en abril de 1858 hubiera un consenso mayoritario para la creación del nuevo estado. Ciertamente Yucatán no estaba de acuerdo, pero la prudencia se impuso en el conflicto y se consideró que la república había iniciado el camino de la Reforma a los acordes de la guerra civil y que únicamente el gobierno legítimo, a través de los supremos poderes, expediría la solución final, cuando se diera por concluida la lucha entre conservadores y liberales. En consecuencia, el 3 de mayo de 1858 se firmó el Convenio de División Territorial, que entre otros puntos estipulaba los respectivos a línea divisoria, obligaciones en la guerra contra los indígenas, impuestos y aranceles; se publicó en la ciudad de Campeche con la solemnidad del caso el 15 de mayo. Consecuencia inmediata del Convenio fue la expedición de un documento de cuatro puntos por el cual la junta Gubernativa del Distrito de Campeche e Isla del Carmen declaró tener la voluntad de erigirse en estado, reconociendo como gobernador a Pablo García y estableciendo que la designación de comandante recaería en Pedro Baranda; además nombraron un Consejo de Gobierno que se integraría con cinco miembros. Sin embargo, la legalidad federal imponía condiciones diferentes a la manera como se manejó la cuestión, ya que no estaban cumplidos los requisitos señalados en la Constitución de 1857, que en el artículo 43, al referirse a las partes integrantes de la Federación, no reconocía a Campeche sino como parte del estado de Yucatán; es decir, era imprescindible una reforma constitucional. García envió al presidente Juárez, al puerto de Veracruz —residencia del gobierno liberal—, toda la documentación pertinente para la institución y funcionamiento de una entidad consolidada de hecho; el presidente Juárez admitió los sucesos, pero los condicionó a la respuesta del Congreso. Frente a esto, el gobernador García se apresuró a enviar a principios de 1859 una comisión que se acreditase cerca del presidente Benito Juárez, para referirle la cuestión campechana. Llegó a Veracruz encabezando la misión Federico Duque de Estrada, y aunque fue admitida la representación, el Ministerio de Gobernación lo invitó a que expresara el objetivo de su viaje, el cual sintetizó en cinco puntos: la aprobación del acta del 9 de agosto de 1857, con lo cual García tácitamente pedía su reconocimiento como guía político y militar; la aprobación de los actos de gobierno emanados del movimiento del 7 de agosto, dando a entender que se admitieran los procedimientos para financiar sus acciones (recursos federales que se tomaron de las aduanas y préstamos a particulares). Los otros puntos se dirigían a la destitución y designación de funcionarios de los ramos de Hacienda y Militar.
 
El 29 de abril de 1859 el ministro de Gobernación, Melchor Ocampo, respondió en términos de la política que imponían las circunstancias, le respondió a García con un acuerdo preliminar, admitiendo conformidad en lo que no se opusiera a la Constitución, y siempre y cuando no se vulneraran las facultades del Congreso de la Unión. El momento político y los sucesos de la Guerra de Reforma aliviaron las preocupaciones de Pablo García, ya que la paz nacional y la reunión del Congreso iban a requerir de un par de años para su consolidación. Estas circunstancias providenciales le ofrecieron un tiempo valioso para que emprendiera una tarea de agrupamiento en lo político y de adelanto en el gobierno. No todos los días fueron de paz: el joven líder necesitó enfrentar los problemas de la Guerra de Reforma pero además dio una atención constante a los asuntos públicos, ya que a mediados de 1859 Pantaleón Barrera, el ex gobernador enemigo, impulsó un movimiento en Hopelchén que pedía la reincorporación de Campeche a Yucatán; no obstante, fracasó y García siguió en el mando político y militar. A fines de 1860 fueron derrotadas las fuerzas de la reacción y el gobierno del presidente Juárez expidió en Veracruz la convocatoria para la elección de presidente de la República y diputados al Congreso de la Unión. Este documento se publicó en Campeche acompañado de otra convocatoria: la de elección de constituyentes locales, con la misión principal no sólo de elaborar un documento de tal importancia, sino la de presentar un escrito que solamente era facultad de los estados que legalmente eran parte de la Federación. Las principales funciones de la asamblea fueron hacer oír su voz ante el Congreso de la Unión y las legislaturas de los estados, para el reconocimiento de Campeche como estado de la Confederación y expedir su Carta Constitucional y leyes orgánicas, ello en un plazo de cuatro meses. En 1861, antes de que se iniciaran las sesiones del II Congreso Constitucional de la República, Campeche dio un paso adelante al instalarse la Asamblea Constituyente el 2 de marzo.
 
Iniciados los trabajos el día 3, comenzaron a redactar y expedir el Reglamento del Congreso, de cuya exposición de motivos se encargaron los diputados Santiago Carpizo y José García Poblaciones. En la reunión del 14 de marzo se nombró a los miembros de la Comisión de Constitución: Domingo Duret, Rafael Carvajal y José del R. Hernández, quienes presentaron un proyecto el siguiente 20 de abril, el cual se comenzó a discutir. Fue aprobado y promulgado el día 30 con la debida solemnidad. En lo general, los artículos, clasificados en 19 secciones, estuvieron acordes con la doctrina de la Carta Federal del 57. En el artículo segundo establecieron que la entidad estaría integrada por los partidos del Carmen, Champotón, Campeche, Hecelchakán y Bolonchenticul. El Congreso Constituyente —primero de Campeche— finalizó sus actividades en octubre de 1861 con la expedición de un Manifiesto:
 
Muchos obstáculos ha encontrado a su paso para poderse constituir con arreglo a las reformas federativas. La larga lucha entre la libertad y el despotismo, entre la legalidad y la usurpación, ha retardado nuestra entrada a la era constitucional [...] Cierto es que la Asamblea Nacional no ha legalizado con su reconocimiento nuestra creación; mas esto no debe inquietarnos. El hecho de nuestro ser, la justicia de nuestra causa y el espíritu ilustrado y recio del Congreso de la Unión, nos garantizan la legalización de nuestra existencia política.
 
Los periódicos de la ciudad de México acogieron artículos remitidos en favor y en contra de la creación de un nuevo estado. La dirección del problema se puso en manos, como correspondía, de los diputados federales que resultaron electos en 1861, cuyos nombres se publicaron el 10 de febrero: por el primer distrito electoral, Tomás Aznar Barbachano, propietario y, suplente, Rafael Dondé; por el segundo, Juan Carbó, propietario, y, suplente, Joaquín Gutiérrez de Estrada. Sin embargo, conforme a la ley electoral vigente las diputaciones de Campeche eran el cuarto y el quinto distritos del estado de Yucatán, y no primero y segundo de Campeche. Esta cuestión fue la primera dificultad; y en la sesión del 1º de junio Aznar Barbachano solicitó a la asamblea la rectificación de la mención que se hacía de su persona como diputado por Yucatán, cuando lo era por Campeche. De inmediato el diputado Suárez Navarro señaló que la Constitución Federal no reconocía al estado de Campeche, por lo que no había lugar a la corrección solicitada. Aznar Barbachano replicó que la separación de Campeche era un hecho consumado que el gobierno mismo había reconocido en distintas ocasiones, y, a mayor abundamiento, indicó que los representantes populares no lo eran del estado, sino del pueblo del distrito que les había otorgado el voto.
 
También dijo que ya que no se le reconocía como diputado por Campeche, no se dijera que lo era por Yucatán. Aznar Barbachano no esperó mucho tiempo para obtener respuesta. La Secretaria de la Cámara procedió a dar lectura al dictamen de la Comisión de Poderes por el que se aprobó su elección, pero como representante por el estado de Yucatán. Nuevamente subió a la tribuna Suárez Navarro para decir que el gobierno no tenía facultad constitucional para admitir nuevos estados en la Federación y expuso que la erección del de Campeche había sido obra del gobierno conservador de Félix Zuloaga. El presidente de la Cámara, Gabino Bustamante, dio por terminada la discusión y se aprobó el acta de la sesión del 30 de mayo de 1861, por la que la diputación campechana pertenecía formalmente a la representación yucateca. En la sesión del 5 de julio, los diputados Aznar Barbachano y Carbó hicieron una proposición, también suscrita por las diputaciones de Chiapas, Tabasco y Oaxaca, solicitando se erigiese en estado el distrito de Campeche, iniciativa que fue turnada a la Comisión de Puntos Constitucionales. Parecidas gestiones siguió realizando la diputación de Campeche para agrupar simpatías en busca de un dictamen favorable. Pero la representación yucateca, formada por los diputados Nicolín, Suárez Navarro y Arredondo, hacía gestiones diferentes, y en la sesión del 19 de julio presentó una proposición para que se hiciera una proclamación declarando anticonstitucional y violenta la escisión de Campeche del estado de Yucatán. Consecuencia de todo lo anterior fue que en la sesión del 30 de julio, al nombrarse la diputación permanente con un representante por cada estado, se excluyó a Campeche. Gobernación remitió el voluminoso expediente el 31 de agosto al Congreso, haciendo saber a los diputados que el Ejecutivo no había reconocido la erección de Campeche en estado ni a los que lo representaban como autoridades.
 
La discusión pasó del salón de sesiones a las hojas de la prensa, con lo cual el asunto obligó a una solución que no podía demorarse, en medio de la invasión extranjera. El 5 de diciembre de 1861 la Comisión de Puntos Constitucionales presentó una exposición de motivos redactada por los diputados Ignacio Altamirano, Ignacio Mariscal y Manuel Romero Rubio, señalando que habían estudiado con detenimiento todos los documentos aportados así como la situación real de las dos entidades y, en consecuencia, presentaban un proyecto de ley que pedía la conversión en estado de la Federación del distrito de Campeche, con los límites que tenía. Concluyeron la discusión y la incertidumbre legal.
 
Lo que siguió fue el formulismo jurídico de legalización para que las legislaturas estatales ratificaran la disposición. El dictamen no fue discutido en ninguna sesión, pero fue básico para la expedición del decreto del 19 de febrero de 1862 del presidente Juárez que reconoció el nuevo estado. Juárez procedió de esa manera en virtud a la Ley del 11 de diciembre de 1861, que le confirió amplias facultades en todas las ramas de la administración pública. El decreto definitivo, ya que se había obtenido la sanción de la mayoría de las legislaturas de los estados, fue un cumplido legal y tuvo el carácter de ratificación. Se expidió el 29 de abril de 1863 con lo que terminó el largo itinerario que se había propuesto alguna vez en el Congreso Nacional en una sesión de 1824. El estado se formó con uno de los distritos yucatecos: el de Campeche (los otros eran Mérida, Tekax, Izamal y Valladolid), el distrito de Campeche lo formaban los partidos de Carmen, Champotón, Campeche, Hecelchakán y Bolonchenticul. El primer gobernador fue el licenciado Pablo García y Montilla. Por su parte, la Constitución del estado de Yucatán expedida el 21 de abril de 1862, al mencionar las partes de su territorio no se refirió al distrito escindido, sino únicamente a los partidos de Mérida, Ticul, Maxcanú, Valladolid, Tizimín, Espita, Izamal, Motul, Tekax, Peto, Sotuta, Bacalar y Cozumel, es decir, que ya aceptaba la separación de Campeche. El sábado 16 de septiembre de 1899 se presentó el Himno Campechano en el Teatro Francisco de Paula Toro de Campeche.
 
 
El Imperio
 
En 1861, estalló la Guerra Civil Estadounidense, que duró hasta 1865; este hecho facilitó la ingeniería europea en México. Para 1862, ya se vislumbraba el peligro de una Guerra con Francia. En enero de ese año, el gobierno federal emitió una Ley contra los que apoyarán la intervención. Por otro lado, Juárez, tratando de fortalecer la adhesión de los contingentes republicanos liberales, aprobó provisionalmente la solicitud campechana de erigirse en Estado y la turnó el congreso de la unión. Mientras tanto, las nuevas elecciones realizadas en Campeche dieron por resultado la reelección de Pablo García y Tomás Aznar Barbachano, como gobernador y vicegobernador, respectivamente. Así mismo, fue renombrada la legislatura local. El gobierno campechano intentó, entonces, reorganizar la maltrecha economía del Estado, cuya industria y comercio pasaban por crítica situación. El sistema de deudas, base de la producción de las haciendas y ranchos de palo de tinte, fue reforzado por una ley de garcía, publicada en Mayo de 1862. Dicha Ley otorgó a los propietarios de las fincas pleno poder sobre la mano de obra rural.
 
A los peones de campo se les prohibió salir de las fincas, sin permiso escrito del propietario o del encargado, quienes, además, serían los únicos autorizados para vender aguardientes en las fincas. Los casos de fuga de un sirviente adeudado quedaban tipificados como estaba, y sujetos a persecución por parte de los hacendados y de las autoridades, corriendo los gastos por cuenta del trabajador. Y, para garantizar la permanencia de la mano de obra, la Ley estipulaba, entre otras cosas, y los familiares y el sirviente prófugo serían retenidos en las haciendas hasta por 6 meses. Esta Ley no llegaría a ponerse en practica, debido a la intervención francesa; pero, en 1868, García establecería medidas semejantes. Por otra parte, las situación nacional se agravaba cada día. La intervención francesa era casi un hecho. Ante ello, en el mes de mayo, el congreso campechano otorgó poderes extraordinarios al gobernador García. Ese mismo mes llegó a Campeche la noticia de que el puerto del Carmen había sido ocupado por tropas francesas. Además, en Yucatán, la lucha entre los partidarios de Irigoyen y los de Acereto continuaba. Ante ello, en noviembre salió un destacamento militar campechano con rumbo a Mérida, para prestar auxilio al gobernador. En marzo, tropas campechanas, al mando de Pedro Celestino Brito, recuperaron el Carmen. Un mes después, Campeche recibía con satisfacción el anuncio de que la Constitución de su Estado había sido ratificada definitivamente por el gobierno federal. De inmediato se iniciaron los trabajos para dotar a la entidad de su primera Constitución Política que sería proclamada el 13 de julio siguiente. Paralelamente a estos acontecimientos, los conservadores yucatecos promovieron un movimiento contra el gobierno liberal de Irigoyen. Éste, sospechando de los nexos políticos que mantenía el jefe de la línea de oriente, coronel Felipe Navarrete con los sectores opositores a su gobierno, lo había destituido de su cargo. Navarrete organizó inmediatamente una rebelión contra Irigoyen, quien ante la difícil situación, solicitó ayuda a Campeche.
 
En Julio, los destacamentos de la guardia nacional situados en Tenabo, Hecelchakán, Dzibalchén y Calkiní fueron enviados por Pablo García a Yucatán, para unirse a las fuerzas de Irigoyen. Sin embargo, Navarrete logró tomar la ciudadelas de San Benito, en Mérida, y el gobernador yucateco tuvo que abandonar la entidad, para refugiarse en Campeche.
 
El triunfante grupo conservador de Navarrete integró una junta gubernativa encabezada por él mismo. Los liberales reaccionaron inmediatamente y el coronel Manuel Cepeda Peraza se levantó contra Navarrete; después de varios enfrentamientos, las tropas liberales fueron derrotadas en Chocholá. Las fuerzas de Cepeda Peraza y las campechanas, que las habían apoyado, se replegaron entonces a Hecelchakán, y luego a Campeche, seguidas por los contingentes conservadores que Navarrete había enviado contra dicho puerto. Ante ello, el gobernador García envió a una comisión para entrevistarse con Navarrete, e intentar llegar a un acuerdo pacífico con Yucatán, pero aquél se negó. Campeche preparó entonces la defensa de la ciudad, pero los destacamentos yucatecos, comandados por el general Francisco Cantón, lograron tomar los barrios, al mismo tiempo que la escuadra francesa bloqueaba el mar. Mientras tanto, el 3 de octubre de ese año, una comisión mexicana ofrecía la corona de México al Archiduque Maximiliano de Habsburgo, en su castillo de Miramar. La situación de Campeche cada vez fue más crítica, lo que obligó al gobernador García a entrevistarse con el almirante Cloué, jefe de la escuadra francesa, y firmar la capitulación de la ciudad, el 22 de enero de 1864, por lo cual Campeche se rendía a las fuerzas navales de Francia. Inmediatamente, los jefes de las tropas yucatecas, Anacleto Sandoval, Francisco Cantón, Cirilo Baqueiro y Felipe López se pronunciaron por la intervención y reconocieron al gobierno de la Suprema Regencia, quien era el que representaba al gobierno de Maximiliano, pues el gobierno republicano había abandonado la capital de la República, para iniciar su peregrinaje al norte del país. Pablo García, Manuel Cepeda Peraza, Liborio Irigoyen y otros destacados liberales, fueron expulsados a Cuba. Las tropas de ocupación francesa, en Campeche, fueron sustituidas por fuerzas yucatecas, quedando Navarrete como gobernador y comandante militar de los dos estados. El gobierno de Yucatán reconoció a la Regencia, y lo mismo hicieron el jefe político provisional de Campeche, nombrado por Navarrete, y sus más cercanos colaboradores. Igualmente, se pronunciaron a favor del imperio las poblaciones del distrito de Campeche, incluyendo los del partido del Carmen. A fines de mayo, arribaron a México, vía Veracruz, los emperadores Maximiliano y Carlota; pero los liberales no cesarían en su empeño por restaurar en México la república federal. Poco después, el gobierno imperial declaró insubsistente la autonomía de Campeche, reintegrándolo a Yucatán. El Estado, ahora unido, fue gobernado por Navarrete hasta septiembre de 1864, mes en el que llegó a la península el comisario imperial, José Salazar Ilarregui. Ese mismo mes, Cepeda Peraza retornó clandestinamente a Yucatán, y Pablo García, a Campeche, en diciembre. A fines de ese mismo año, ya el gobierno imperial empezaba a tener problemas con el sector conservador que le había ofrecido el gobierno del país.
 
El 27 de diciembre se publicó una carta de Maximiliano, en la que el emperador se manifestaba en favor de las leyes de reforma en lo relativo a la desamortización y nacionalización de los bienes del clero; a la administración gratuita de los sacramentos y a otras medidas, causando gran descontento entre los grupos que habían apoyado la intervención. Para 1865, con el fin de controlar la economía campechana, el comisario imperial nombró a don Joaquín Casasús administrador de la aduana marítima de Campeche, y a don Luis Méndez y al Ing. Santiago Méndez, auditores del consejo del Estado. Además, las fuerzas intervencionistas, situadas en el puerto, fueron reforzadas en abril con el arribo de doscientos soldados austriacos. Por su parte, los republicanos campechanos también mantenían vivo su deseo de expulsar del país a los franceses. El 1 ° de mayo de 1865. Fuerzas comandadas por Pedro Celestino Brito y Vicente Román Chambró, tomaron Champotón, cuya población se unió a su movimiento republicano; pero éste fue rápidamente sofocado por las tropas imperiales. En diciembre del mismo año, la emperatriz Carlota visitó Campeche y el Carmen, siendo objeto de grandes muestras de simpatía por parte del sector conservador, que para ese momento controlaba el gobierno.
 
Pero el régimen imperial se iba debilitando día a día. Además había terminado la guerra civil norteamericana y los Estados ya fortalecidos, presionaban a Francia, en contra de la intervención en México. En marzo de 1866, Maximiliano nombró ministro de Gobernación y ministro interior del Estado a Salazar Ilarregui, designando, en su lugar, a don Domingo Burear. En agosto, José Antonio Muñoz se pronunció, en Campeche, contra el Imperio, pero el gobierno intervencionista logró reprimir la rebelión. Con motivo de esta rebelión, Pablo García fue detenido como sospechoso y luego expulsado del Estado. Entonces, García se dirigió a Tabasco, que ya estaba en poder de los republicanos, al igual que gran parte de Veracruz. Ahí, el gobernador tabasqueño, Gregorio Méndez, puso a las órdenes de García un destacamento militar, jefaturado por Pedro Celestino Brito, proporcionándole parque suficiente para asediar Campeche. Brito y García desembarcaron en Lerma el 23 de septiembre y tomaron los barrios de San Román y Santa Ana, aunque después fueron rechazados. Ante esta situación, que ponía en grave peligro al gobierno imperial en la península, Maximiliano envió de nuevo, como comisario, a Salazar Ilarregui, y nombró prefecto de Mérida a Pantaleón Barrera. Poco después, las fuerzas republicanas de García y Brito volvieron a asediar Campeche; mientras que las de Manuel Cepeda Peraza cercaban Mérida. Finalmente, en los primeros días de junio, los intervencionistas perdieron Querétaro, y Maximiliano fue apresado y fusilado junto con sus principales colaboradores, los generales Miramón y Mejía.
 
El día 10 del mismo mes, Campeche cayó en poder de los republicanos. El 12 de junio, fueron fusilados, en Calkiní, los principales colaboradores del Imperio, en Campeche: el general Juan Espejo, jefa de las fuerzas imperiales en Campeche; el Lic. José Dorantes Ávila; y el Sr. José D. Ponce. El día 15, capituló la ciudad de Mérida. En Campeche, Salazar Ilarregui, comisario imperial salió huyendo hacia los Estados Unidos, pues se acercaban las fuerzas republicanas. Una vez establecido el orden federal, Pablo García se hizo cargo nuevamente del gobierno de Campeche.
 
Periodo Porfiriano
Hacienda Uayamon; actualmente usada como hotel
 
Entre 1880 y 1883, gobernó Campeche Arturo Schiels, y para el siguiente cuatrienio, Joaquín Baranda triunfó de nuevo en las elecciones. Baranda aceptó la gubernatura, pero en 1885, pidió al Congreso campechano y obtuvo licencia indefinida de su cargo, quedando como interino Juan Montalvo. El resto del tiempo que duró el régimen porfirista, de 1887 a 1911, Campeche tuvo, entre licencias y renuncias, catorce gobernadores. Durante la dictadura porfirista, la economía campechana continuó basándose en el cultivo y comercio de maíz, arroz, caña y ganado para el mercado interno; en la exportación del palo de tinte, de sal y de maderas. Sin embargo, el comercio de la sal se vio afectado por el decreto federal del 7 de octubre de 1881, que permitía su libre importación del extranjero. La industria naviera, que hasta la década de los sesentas había tenido mucho peso, declinó notablemente hacia fines de siglo. Por otro lado, la extracción y comercialización del palo de tinte, que durante los años críticos de guerra había disminuido por falta de mano de obra, se recuperó rápidamente, manteniendo el partido del Carmen como uno de los dos más importantes del Estado. El otro era Campeche, que también exportaba palo de tinte, maderas y un gran volumen de sal. En 1881, el gobernador Arturo Schiels, solicitó y obtuvo del gobierno federal la concesión para abrir nuevos canales derivados de los ríos Candelaria, Palizada y Champotón, con el fin de utilizarlos para transportar el palo de tinte y otras maderas preciosas. Ello serviría, además, para incrementar las relaciones mercantiles que existían entre Campeche y el estado de Chiapas y Guatemala. La venta de palo de tinte campechano se incrementó año tras año, hasta llegar a la exportación de cien mil toneladas durante el año de 1896; pero a partir de ese momento, la actividad fue perdiendo importancia y, para 1915, sólo se exportaron al extranjero diecisiete mil toneladas. La razón de lo anterior estaba en la utilización de colorantes químicos en Europa, los cuales se empezaron a emplear desde 1855 y, para fines de siglo, se habían generalizado en la industria del viejo continente. En la etapa porfirista, Campeche mantuvo en el mercado sus ya famosas maderas y, asimismo, se inició en la entidad la explotación del chicle, aunque esta actividad solo cobraría importancia hasta principios del siglo XX. En Campeche, al igual que en el resto del país, los primeros años del siglo XX se caracterizaron por la dominación política y económica de un pequeño grupo que ejerció el poder local, a la manera de Porfirio Díaz en lo nacional. Tal vez con menos uso de la fuerza pública o de guardias blancas, pero no por esto el sistema de explotación fue menos brutal. Los mecanismos de control y la alineación del trabajador crearon condiciones en la que el descontento no produjo levantamientos populares de importancia, salvo pequeños brotes de rebeldía en algunas haciendas y fincas rurales de Tenabo, como la finca "Chilib"; o en Champotón, en las fincas de San Pablo y Haltunchén, en las cuales los protagonistas fueron jornaleros jamaiquinos y huastecos, que fueron controlados sin mayor problema, incluso sin que se registraran enfrentamientos armados. Se continuó la aplicación de la ley agraria que legitimaba la esclavitud de los peones y sus familiares. Pero, no obstante esta medida para fijar al trabajador en las fincas de campo, oficialmente fue señalado como un problema la baja colonización de tierras laborales; de ahí que se buscara estimular la participación de hacendados en proyectos de inmigración de trabajadores japoneses, de manera experimental, como sucedía en el vecino estado de Yucatán; esta medida no tuvo éxito. Igualmente, se solicitaron prisioneros yaquis al gobierno federal (llegando a Campeche un total de 165, formados por partes iguales de mujeres y niños), sin embargo estos tampoco fueron significativos. El proceso de acumulación de tierras en pocas manos se aceleró en esta primera década, y en manos de 14 hacendados se acumularon 147 haciendas, que representaban la quinta parte del territorio del estado de Campeche.
 

 
Bibliografías y Referencias:
  • ↑ El oro chiclero, segundo recurso económico
  • ↑ Oro negro, cuarto recurso natural
  • ↑ Cantarell, su historia y situación actual.
  • ↑ Cantarell se agota a ritmo acelerado, El Universal
  • ↑ Cantarell: Pasado, presente y futuro
  • ↑ Pemex ‘exprime’ a Ku Maloob Zaap, CNN
  • ↑ Está ya en producción el 1er. viñedo del Sureste, Diario de Yucatán.
  • ↑ Santa Genoveva cosecha uvas en mayo, CNN.
  • ↑ Presentan el Programa Regional de Desarrollo Turístico del Corredor Costero, TRC Noticias.
  • ↑ Pro México, Campeche
  • ↑ La hora de Campeche, Diario de Yucatán.
  • ↑ Manual de Gestión para la Nominación del Área de Protección de Flora y Fauna “Laguna de Términos” Patrimonio Natural de la Humanidad.
  • ↑ Lista Mexicana de candidaturas al Patrimonio Mundial.
  • ↑ Competitividad Estatal.
  • ↑ Infraestructura.
  • ↑ Estadísticas Sociodemográficas.
  • ↑ Gastronomía Campechana.
  • ↑ Algunos textos y fotografías se encuentran bajo la Licencia Creative Commons Compartir Igual 2.0, 2.5 y 3.0