|
Su territorio se divide en corredores que ofrecen diversos tipos de entretenimiento, cultura y aventura. La lista de encantos hidalguenses es larga y muy variada. El corredor de la montaña, que pasa por las ex haciendas mineras de Real del Monte y Huasca de Ocampo, además de sitios de tradición como Metzquititlán, Mineral del Chico y Atotonilco, destaca por su belleza natural y la oferta de aventuras que, gracias a la Sierra Madre Oriental y el Eje Neovolcánico, permiten convivir con la naturaleza en distintas formas. De éstas destacan el rapel, el alpinismo, el canotaje, la pesca deportiva, el parapente, la tirolesa y el vuelo en globo. El corredor de balnearios visita sitios con aguas termales, cuya temperatura varía de los 38°C hasta los 80°C. Es posible encontrar estas maravillas naturales en casi todos los municipios del estado. También conviene admirar la belleza de sus tres grutas, entre las cuales destaca Tolantongo, un verdadero oasis natural que cuenta con cascadas y un nacimiento de agua. Otros corredores turísticos del estado son el de las Haciendas, con construcciones de los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX, cuyos sitios se dedicaron a la metalurgia y a la producción de pulque; el Corredor Tolteca, que recorre sitios llenos de herencia arqueológica, como Tula, y dos más, dedicados a las actividades en la sierra. Diversos pueblos indígenas habitan el estado; los Otomís, Nahuas y Tepehuas son las tres etnias más extendidas, mismas que imprimen a las costumbres locales características únicas. Además, en el estado pueden visitarse zonas arqueológicas y edificios históricos como conventos, museos y acueductos. Después de conocerlos no hay nada mejor que terminar el recorrido con una comida basada en la dieta hidalguense: ximbo, chinicuiles, gusanos de maguey, escamoles, mixiotes, barbacoa y los famosos pastes, entre otras cosas.
Consejo de Promoción Turística de México, S.A. de C.V.
|
|
|