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A sus alrededores se pueden apreciar el volcán Malitzin o Malinche y las sierras que lo acompañan, mismas que en combinación con extensos llanos, hacen de estas tierras templadas un espacio ideal para el contacto con la naturaleza con actividades como la caminata, el ciclismo y el rapel.
Sus pobladores mantienen vivas sus costumbres, como la tradicional feria de Huamantla, Pueblo Mágico que se llena de alegría en agosto. En el seno de esta feria se desarrolla la llamada Huamantlada, donde se liberan toros en las calles para que los aficionados huyan de ellos.
Otra fecha importante es la de El Carnaval de Tlaxcala, que inicia el viernes anterior al miércoles de ceniza con la quema de un muñeco que representa el mal humor, y se caracteriza por la presentación de danzas de origen indígena nahua, como la de los huehues (viejitos). Esta fiesta, junto con otras tantas, pone al descubierto la algarabía y el folclor tlaxcaltecas, que se notan en sus artesanías, principalmente las hechas de hojas de maíz, así como en su cocina mestiza, reconocida por los tradicionales mixiotes. El pasado se esconde en los recovecos del estado: sus edificios militares, civiles y religiosos continúan encantando a los visitantes con bellas formas y enriquecedora historia.
Entre ellos se pueden citar el Palacio Municipal de la ciudad de Tlaxcala, que data del siglo XVI; la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción, que fue originalmente el Templo de San Francisco de Asís -del siglo XVI-, y la Basílica de la Virgen de Ocotlán. También pueden visitarse zonas arqueológicas como Cacaxtla, en la que es posible admirar murales monumentales que fueron realizados con pigmentos minerales. Estas obras de arte recuerdan que Tlaxcala es un estado de gran anclaje prehispánico y fascinante presente.
Consejo de Promoción Turística de México, S.A. de C.V.
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